miércoles, 12 de enero de 2011

Baladas con Ángel




Como a sus vanas hojas
el tiempo me perdía.
Clavada a la madera de otro sueño
volaban sobre mí noches y días.

Poblándome de una
nostalgia distraída
la tierra, el mar, me entraban en los ojos
y por ociosas lágrimas salían.


Así cantaba María Elena Walsh cuando el amor la iluminó, y así cantará siempre su voz.

viernes, 7 de enero de 2011

jueves, 6 de enero de 2011

Enigma - Following The Sun

Bandoneón, Mario Benedetti



Me jode confesarlo
pero la vida es también un bandoneón
hay quien sostiene que lo toca dios
pero yo estoy seguro que es troilo
ya que dios apenas toca el arpa
y mal

fuere quien fuere lo cierto es
que nos estira en un solo ademán purísimo
y luego nos reduce de a poco a casi nada
y claro nos arranca confesiones
quejas que son clamores
vértebras de alegría
esperanzas que vuelven
como los hijos pródigos
y sobre todo como los estribillos

me jode confesarlo
porque lo cierto es que hoy en día
pocos
quieren ser tango
la natural tendencia
es a ser rumba o mambo o chachachá
o merengue o bolero o tal vez casino
en último caso valsecito o milonga
pasodoble jamás
pero cuando dios o pichuco o quien sea
toma entre sus manos la vida bandoneón
y le sugiere que llore o regocije
uno siente el tremendo decoro de ser tango
y se deja cantar y ni se acuerda
que allá espera
el estuche.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Motivos del Mar, "Las Barcas", Gabriela Mistral




12 de septiembre de 1927

Los hombres hicieron las barcas; pero ellas cobraron alma al tocar el mar, y se han liberado de los hombres.
Si un día los marineros no quisieran navegar más, ellas romperían sus amarras y se irían, salvajes y felices.
Los marineros creen llevarlas, mas son ellas quienes los rigen. Los incitan cuando se adormecen en las costas, hasta que ellos saltan a los puentes.
Si arriban a las costas, es por recoger frutos: las piñas, los dátiles, las bananas de oro. El mar, amante imperiosa, les pide la fragancia de la tierra, que las olas aspiran, irguiéndose.
Desde que las barcas tocaron agua viva, tienen alma salvaje. Engañan a los pilotos con que siguen su camino. Van por la zona verde, donde el mar se endurece de tritones y choca como muchos escudos.
Nunca saben los pilotos el día preciso de los puertos; consultan siempre algún error en los cálculos, y este error es el juego de las barcas con las sirenas.
Tienen las barcas cabelleras de jarcias, pecho de velamen duro, y caderas de leños amargos. Sus pies van bajo el agua como los de las danzadoras de largas túnicas.
Llevaron a los descubridores. Mientras ellos dormían, las barcas burlaron sus sendas...
Porque se hacen signos secretos con las islas desconocidas, y las penínsulas las llaman alargándose como un grito.
No van llevando a los hombres a vender sus paños; se echaron al mar para existir libres sobre él.
Si un día los hombres no quieren navegar más, ellas se irán solas por los mares, y los marinero desde las playas, gritarán de asombro al saber que nunca fueron pilotos. Que, como las sirenas, ellas son hijas de la voluntad del mar.

jueves, 9 de diciembre de 2010

El cuerpo, Emma Barrandéguy




   
¿Por qué no es posible el amor?,
me preguntas.
Somos viejos, respondo.
Y que pases tu mano
por mi pierna,
me da cierta vergüenza.
Tontería, dice el amigo
y cediendo
me tiendo a su lado como cuando era joven
y lo ignoraba.
Pienso en todos los viejos
que desde un banco al sol
miran transcurrir las muchachas.
En mi padre y sus esquelas victorianas
a las niñas de los mandados.
Pienso en mi madre pulcra
cubriendo sus desnudos en un último gesto.
Pienso que los viejos son como todos
y apetecen sin pausa
si no han sido saciados.
El cuerpo gira ante sus ojos
con el gusto de lo prohibido,
como siempre.
Se los instala en la sabiduría
y no la tienen;
codician como jóvenes,
tienen pequeñas ternuras
como mi amigo,
tienen lascivas preferencias
que no les cuentan a los otros,
tienen derecho al amor
aun a costa del ridículo.
Y si pasan tomados de la mano
o se encierran en su mundo
con las persianas bajas,
tendríamos que mirarlos sin asombro
como a lentos vagabundos
o discretos amantes que renuevan caricias.

viernes, 3 de diciembre de 2010

El difunto Matias Pascal, Luigi Pirandello




—No paso a comprender que por el gusto momentáneo que experimenta el gaznate al paso de un buen bocado, como éste, por ejemplo —y se lo engullía—, haya de estarse nadie luego sufriendo todo el día. ¿Qué se saca de eso? Yo de mí sé decir que estaría después corrido y avergonzado. Rosina —decía llamando a la criada—, deme un poquito más de este plato.

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