martes, 8 de junio de 2010

Escena del balcón "Romeo y Julieta", William Shakespeare



JULIETA
¿Quién dirigió tus pasos a este sitio?

ROMEO
El amor, que me hizo averiguarlo,
me dio consejos, yo le di mis ojos.
Aunque no soy piloto, si estuvieras
tan lejana de mí como las playas
del más lejano mar, te encontraría,
navegando hasta hallar ese tesoro.

JULIETA
Me cubre con su máscara la noche,
de otro modo verías mis mejillas
enrojecer por lo que me has oído.
Cuánto hubiera querido contenerme,
cuánto me gustaría desmentirme,
pero le digo adiós al disimulo.
Dulce Romeo, si me quieres, dímelo
sinceramente, pero si tú piensas
que me ganaste demasiado pronto
frunciré el ceño y te diré que no
y seré cruel para que tú me ruegues,
aunque de otra manera el mundo entero
no podría obligarme a rechazarte.
Bello Montesco, te amo demasiado,
tal vez por ello me hallarás ligera,
pero te daré pruebas, caballero,
de ser más verdadera que otras muchas
que por astucia se demuestran tímidas.
Más reservada hubiera sido, es cierto,
pero yo no sabía que escuchabas
mi pasión verdadera. Ahora, perdóname,
y no atribuyas a liviano amor
lo que te descubrió la oscura noche.

ROMEO
Señora, por la luna que de plata
corona esta arboleda, yo te juro...

JULIETA
No jures por la luna, la inconstante,
que al girar cada mes cambia en su órbita,
no sea que tu amor cambie como ella.

ROMEO
¿Por quién voy a jurar?

JULIETA
No jures y, si lo haces,
jura por ti, por tu gentil persona,
que yo te creeré. Eres un dios
dentro de mi secreta idolatría.

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